El cuarto del horno, como nosotros lo
llama vamos, era la
habitación que como su propio nombre indica,
esta va ubicado el horno donde se
cocía el pan, pero
además también estaba el
al gibe, donde se guardaba el agua, para beber, para la comida, para lavar la ropa, era agua de lluvia, que se
recogía de la
hera, que se encontraba entre el cortijo, y el cuarto del horno.
Además del horno y el
al gibe, en aquella
habitación estaban, los pilares para lavar la ropa, una gran chimenea, que se utilizaba en las temporadas de la siega, donde se hacia la comida para los segadores, la artesa donde se amasaba el pan, y todos los utensilios, que se necesitaban para todas estas tareas
Cuantos recuerdos albergan estas viejas paredes, cuantas cosas aprendí, siempre acompañada por mi abuela ¡¡¡Mamíta!!! como siempre la llame, con ella aprendí a cerner la harina, a amasar el pan, a caldear el horno, a guardar la reciente para el amasijo, de la siguiente semana, aprendí a hacer aquellas comidas, que se hacían para los segadores, en aquella gran olla de hierro, las migas, en aquella gran sartén de rabo largo, las sopas de por las noches, en aquella gran cazuela,y también recuerdo los dos bollos pequeños, que mi abuela siempre hacia para mi tío y para mi, que eramos los pequeños de la casa, siempre eran los últimos que se metían en el horno, y los primeros que se sacaban, calientes, realmente quemando, los abríamos para ponerle sobrasada, o manteca colora, o manteca blanca con azúcar, recuerdo como con el calor, aquel relleno se derretía, y nos chorreaba por la mano, pero que bien nos lo pasábamos.